El peruano que ‘fue’ a Marte

Avid Román-González es un científico peruano que participó de una misión simulada a Marte, en una estación ubicada en el desierto de Utah, Estados Unidos. Vivió dos semanas en condiciones similares a las del planeta rojo.

19 Abr 2014 | 23:30 h

Texto: Raúl Mendoza
Fotografía: Mars Society. Crew 138


La Mars Desert Research Station (MDRS) es una base científica donde profesionales de todo el mundo se entrenan para viajar a Marte en el futuro. Ha sido levantada en el desierto de Utah, Estados Unidos, a varios kilómetros de la población más cercana, en medio de montañas rojizas y planicies áridas que en invierno presentan temperaturas bajo cero. El paisaje, sin duda alguna, parece marciano.


Hasta allí llegó el peruano Avid Román-González, doctor en ciencias espaciales, para pasar dos semanas junto a una tripulación compuesta por colegas de varios países. Ese entrenamiento lo organiza La Sociedad de Marte (The Mars Society), que tiene vínculos con agencias espaciales de todo el mundo. Él formó parte de la misión 138 –antes hubo 137 misiones parecidas– y fue elegido como el segundo oficial al mando.

Los seis miembros que componían la tripulación –dos de ellos investigadores de la NASA– debían convivir en una estación circular de dos pisos y ocho metros de diámetro, con áreas para laboratorio y dormitorios, en condiciones similares a las que existirían en el 'planeta rojo'. Para cualquier actividad ‘extravehicular’ –es decir para salir de la base– siempre debían ponerse su traje espacial, su casco y su mochila de oxígeno.

Afuera, aunque no estaban en Marte, las condiciones desérticas eran extremas. Durante el día podía hacer mucho calor y por la tarde-noche la temperatura descendía drásticamente. “En nuestra misión, cada tripulante debía cumplir con una tarea pre-establecida”, cuenta Avid. Él debió hacerse cargo del invernadero experimental y en 14 días logró cultivar lechugas, zanahorias, rabanitos. 

Día a día regaba las plantas, medía la humedad, y registraba todo. Y la tripulación llegó a comer lo producido. Pero además cada tripulante debía tener un proyecto personal de investigación: Avid se encargó de probar cómo se comportaban los componentes electrónicos de algunos equipos sometidos a baja temperatura, radiación y humedad. Varias veces dejó componentes fuera de la estación y otros dentro. No encontró alteraciones, así que “podrían comportarse de la misma manera en el espacio”. 


Los otros tripulantes tenían sus propias tareas: la comandante de la misión monitoreó la preparación física en ambientes cerrados, un ingeniero analizó las operaciones de exploración con GPS, un biólogo el tema de salud, y una geóloga evaluó la cartografía de la zona a través de imágenes satelitales. Además estuvo con ellos un periodista de National Geographic que registró la misión en video.

Dentro de la estación había radios de comunicación e internet con un mínimo ancho de banda, pero no teléfonos. (Una verdadera misión a Marte no los llevaría). Mantenían comunicación con una estación de control a la cual le reportaban los problemas o hallazgos diarios. Y todos se encargaban de las labores de limpieza y mantenimiento. 

Y si bien los días dentro de la estación –que apenas excede los 100 metros cuadrados– eran dedicados a realizar toda clase de experimentos y compartir conocimientos con los demás; los recorridos por el ‘paisaje marciano’ tenían mayor componente de aventura. El lugar era difícil: había muchas cuestas, terreno fangoso o piso muy pedregoso. Se podría decir que la exploración era compleja pero les gustaba.


Hicieron varias caminatas y en todas ellas midieron la resistencia de los integrantes de la misión vestidos con los trajes espaciales. También pudieron comprobar que los GPS utilizados tenían un margen de error de diez metros. Unos drones brindaron imágenes aéreas de la zona y recogieron espectaculares paisajes del desierto de Utah.

"Llegamos a la conclusión de que las caminatas no debían exceder las cuatro horas, porque la fatiga podría jugar en contra del astronauta al regreso", cuenta Avid. Subieron y bajaron cerros a pie, en algunas salidas usaron cuatrimotos y en todas ellas recogieron muestras rocosas que debían llevar a la base en bolsas selladas. Salvo algunos detalles, todo se hacía como en un viaje real a Marte. 


"Los trajes que usamos no son como los de los verdaderos astronautas porque no son presurizados, pero los cascos sí. Sobre todo porque estaban conectados a las mochilas con aire", comenta. En uno de los brazos de su uniforme azul de tripulante el científico peruano llevó 'parches' con la bandera peruana y el  escudo de la municipalidad provincial de Canchis, Cusco.  


hombre orquesta

Avid Román-González, treinta años, nació en Sicuani, y desde muy joven tuvo el sueño de ser astronauta y llegar al espacio. Por eso esta experiencia ha sido un paso más en ese anhelo. "¿Por qué crees que te eligieron para esta misión?", le preguntamos en Lima. La respuesta es simple: es un profesional multidisciplinario. Avid es ingeniero electrónico e ingeniero de sistemas, hizo una maestría en automatización industrial y humana en Francia y obtuvo el primer lugar de su grupo de becarios. "Por eso recibí varias invitaciones para hacer el doctorado", cuenta. 


Él decidió trabajar su proyecto doctoral con la agencia espacial francesa en el 'procesamiento de señales e imágenes satelitales', en cooperación con la agencia espacial alemana. "Creo que me eligieron para la misión de la Mars Society porque estoy capacitado para trabajar en distintas áreas y por mi experiencia con las agencias espaciales europeas", cuenta. Trabajó duro los 14 días en el desierto y apenas pudo enviar un breve e-mail a su familia. 

La NASA viene estudiando la posibilidad de viajar a Marte  desde los años 60, ha logrado poner un robot en la superficie marciana y se ha puesto como horizonte el año 2035 para enviar una misión tripulada a Marte. Hasta el planeta rojo hay una distancia de 225 millones de kilómetros  y el viaje duraría 8 meses. Esa tripulación pionera podría salir de entre los voluntarios entrenados en la MRDS.


La temperatura de Marte se encuentra entre los 5 y los 50 grados bajo cero, la gravedad es de 3.7 por segundo al cuadrado (un tercio de la Tierra), la atmósfera es irrespirable y la radiación es muy elevada. "Los trajes que protejan a los astronautas serán claves para asegurar su supervivencia y espero que para entonces –en 20 años– la tecnología lo haga posible", explica. 

Avid cuenta que un viaje de ida y vuelta a Marte, más el tiempo que ese equipo se quede, podría significar una misión de 500 días. "El 2010 la agencia espacial rusa lanzó el proyecto Mars 500, que era mantener encerrada a una tripulación todo ese tiempo en la réplica de una nave espacial en la Tierra". La simulación incluye el despegue, la travesía y el retorno. "La estación de mando monitorea todo, incluyendo la parte psicológica, que es un aspecto muy importante", dice Avid.  

Aparte de la estación del desierto de Utah, la Mars Society tiene otras tres estaciones distribuidas por el mundo: el ártico canadiense, el interior de Australia e Islandia. "Marte está al alcance. El planeta rojo contiene los elementos necesarios para sustentar la vida", dice la MS en su página web. El 2013 un equipo íntegramente peruano también participó de una misión similar de dos semanas. 

Avid ha vuelto al Perú para aplicar sus conocimientos aquí. "Espero que se me abran algunas puertas", dice. Con su participación en la misión 138 ha concretado un sueño y tiene otro: motivar a los niños y jóvenes del país a interesarse por la ciencia. "Muchos quieren ser astronautas o diseñar cohetes. Pero como no encuentran motivación, se olvidan de sus sueños".  

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