Aventuras con cuchillo y tenedor

Después de Machu Picchu, la segunda razón para venir al Perú es la comida. Frente a esta demanda las agencias de turismo ofrecen tours gastronómicos a la medida de sus clientes. Esta es una de las rutas en la carta.

17 Nov 2012 | 23:30 h

Texto: María Isabel Gonzales. Fotografía: Ricardo Flores 

Wan y Yuhsin Chen nunca habían visto una lúcuma y no habían tenido chance de probarla. Por eso cuando pisaron Lima y les pusieron el fruto en las manos se quedaron observándolo un buen rato. Pero cuando al fin probaron un milkshake de la fruta recién cosechada fue casi como si hubieran visto a un personaje famoso pasar frente a ellos. Se tomaron fotos con los vasos. Miraban el color de sus bebidas y no podían dejar de sonreír. "¡Está delicioso! Es muy suave, se puede sentir la fruta en cada sorbo", decía Wan en inglés. Su esposo Yuhsin afirmaba con la cabeza. No soltó el vaso hasta dar el último sorbo. Ambos nacieron en Taipéi, la capital de Taiwán, pero viven desde hace siete años en San Francisco, Estados Unidos. Cada año escogen un país diferente para sus vacaciones. El año pasado tocó Islandia y este el Perú. “No sé qué pasa que todo el mundo quiere venir. Están locos por la comida peruana”, cuenta refiriéndose a varios amigos y familiares que han visitado el Perú y que vuelven con muchas novedades de lo que han visto. Quedó convencida cuando un canal gastronómico emitió un programa dedicado a nuestra cocina. Esa es la razón para que en su primer día en Lima escogiera un tour gastronómico. 
Pero Wan y Yuhsin no están solos en su aventura culinaria. Paula Maldonado y Daniel Vanderwerf, un matrimonio chileno que vive en Antofagasta, también se sumó a la ruta. Paula y Daniel, una periodista y un ingeniero, están muy familiarizados con nuestra cultura. Sobre todo con la comida. Todas las semanas van a un restaurante peruano a probar algo distinto. Aunque Paula confiesa que cada vez que llega no puede evitar pedir un buen plato de lomo saltado. De solo pensarlo se le hace agua la boca. Pero esta vez decidieron hacer algo diferente. Tomarse un fin de semana en Lima para comer. Es su primera vez en la capital y se quedarán para hacer turismo gastronómico. De esta forma celebran su tercer aniversario de matrimonio.  Hechas las presentaciones, su guía gastronómico Lucas Montes de Oca, de Capital Culinaria Lima Gourmet Tours, les entrega unos mandiles de cocinero antes de enrumbar hacia la segunda parada después de Barranco. Los espera el mercado de San Isidro.
Lucas y su esposa Samantha Lewis crearon la agencia de turismo Capital Culinaria hace once meses. Antes vivían en Madrid y cuando se mudaron a Lima empezaron a buscar un negocio al que dedicarse. Mientras tanto los amigos que tenían  por el mundo les anunciaban sus visitas. Como buenos anfitriones pensaban que la mejor manera de recibirlos era llevarlos a comer. De allí nació la idea de crear una ruta gastronómica. "La idea es que los grupos no sean mayores de seis personas. Nos gusta que sea personalizado. Queremos que se sientan como si un amigo o un familiar los llevara a pasear", explica Lucas. Hasta la fecha van atendiendo a mil turistas. "Al final de cada recorrido nos dicen que se van con una idea totalmente distinta a la que tenían. Pensaban que Lima era peligrosa y fea. Ahora se van con un buen gusto en el paladar", asegura el empresario. 
El nicho gastronómico
La idea de Lucas y Samantha es un negocio en el que todavía hay campo para invertir. En el mundo hay cada vez más gente contagiándose las ganas de venir al Perú, y entre sus razones no está solo Machu Picchu. Vienen porque quieren comer. Así lo demuestran turistas como Wan y su esposo Yuhsin o los mismos Paula y Daniel. Pero no es solo la intuición o los testimonios en este artículo los que hablan de este panorama. La viceministra de Comercio Exterior y Turismo, Claudia Cornejo, explica que el crecimiento de la oferta gastronómica ha terminado por imponerse como un aspecto adicional y decisivo para tener en cuenta al país como destino turístico. Al menos así lo aseguran un 42% de los turistas que nos visitan. "Existe sobre todo una demanda en la región por conocer los mercados y restaurantes gourmet", asegura. La viceministra explica que en el caso de Lima el circuito cultural ha trabajado constantemente por mejorar sus servicios. A esto se añaden los restaurantes de primer nivel. Un paquete que vuelve a la capital más atractiva y que va dejando de lado esa imagen de ciudad de paso. 
A diferencia de la agencia Capital Culinaria, que va por su primer año en el mercado, existen empresas con más tiempo ofreciendo el servicio, como el Grupo Peruvisión. Su director, Alberto Alegría, cuenta que ofrecen los tours gastronómicos desde hace cinco años. Solo en el 2011 atendieron a 2.500 turistas con este servicio. Su oferta consiste en llevarlos a un mercado y luego a La Rosa Náutica, en donde aprenden a preparar pisco y ceviche y degustan de platos típicos. Si bien ese es el tour tradicional, los turistas también pueden consultar por otros recorridos. Todo depende del interés que tengan. Las tarifas están entre 80 y 125 dólares con todo incluido. 
En la ruta culinaria
De vuelta en la ruta gastronómica, en el mercado de San Isidro, Lucas dirige al grupo al puesto de pescados y mariscos. Paula es una de las más curiosas y toca unos langostinos de río. La segunda vez que intenta moverlos da un grito. "¿Están muy frescos?", le pregunta Lucas. Daniel ríe. Luego traduce para Wan y Yuhsin. Ahora ellos sueltan una carcajada. Wan y Yuhsin apuntan las cámaras hacia el lenguado y la corvina. Les invitan algunas conchitas con unas gotas de limón. "Delicioso, me podría quedar todo el día", dice Paula después de un bocado. Yuhsin se dedica a soltar flashes sobre Wan. Una vez satisfechos van al puesto de verduras. Maíz morado, ajíes, espárragos, papas de diferente tamaño y color. Wan toma nota de lo que ve. Paula huele los ajíes y Lucas explica cuántas variedades existen. Al lado está el puesto de frutas. Granadilla, carambola, chirimoya, mango, aguaymanto y pitahaya. Son otros de los nombres que Wan no se puede perder. “Acá no se tiene que escoger. Todo está fresco”, dice un admirado Yuhsin. Aunque no quieren irse, terminan despidiéndose de los tenderos y siguen la ruta. 
Toman la Costa Verde y ven a los surfistas sentados en sus tablas esperando una ola. Van camino a Embarcadero 41 en Miraflores. Allí les darán dos clases: una de preparación de pisco sour y otra de ceviche. Al llegar hacen un pequeño break. Después de unos minutos, Lucas les pregunta si están listos. Todos afirman con la cabeza. El barman les indica que tomen sus posiciones. Primero, una pequeña demostración de la variedad de piscos. "Quebranta, acholado, Mosto Verde", dice acercando las botellas a los visitantes. Sigue la mezcla de los ingredientes para un pisco sour. Luego la técnica para mezclar en la coctelera. Las parejas miran cómo se agita el brazo del profesor. Lucas traduce en inglés para Wan y Yuhsin. Cuando el barman termina pide un voluntario para replicar la técnica. Daniel se ofrece. Combina los ingredientes e imita los movimientos. Sirve el trago en una copa y la enseña orgulloso. El grupo brinda. Ahora están listos para la clase de ceviche.
Los insumos ya están en la mesa. Cebolla, ají, pescado blanco, perejil, zumo de limón y caldo de pescado. Además de los ingredientes secretos del chef. Mientras los mezclan el maestro Jimmy Torres les pide que vayan probando los condimentos. La clase concluye cuando cada uno decora su plato con camote, choclo y cancha. Se aplauden por unos segundos y empuñan el tenedor. "No hay que llenarse mucho, todavía nos queda un restaurante más por visitar", advierte Lucas. La mezcla del pisco y el ceviche ha sido ganadora. Todos se levantan sonrientes y con las mejillas encendidas. Se dirigen al restaurante Huaca Pucllana. Lucas les habla de la historia del lugar y les muestra algunas fotos de los famosos que han llegado hasta allí. "Está precioso", dice Paula. Piden una mesa y el grupo se sienta. Primero llegan unos chilcanos para brindar. "Nunca habíamos tomado el pisco así", asegura Daniel. No pasan ni dos minutos y llega una bandeja para degustar anticuchos, causa, yucas en salsa a la huancaína y conchitas a la parmesana. Lucas les cuenta qué ingredientes llevan y cómo pueden reconocerlos por sus texturas. Ni bien han terminado llegan los postres. Cheesecake de turrón, suspiro a la limeña, arroz con leche y mousse de lúcuma y chocolate. “Por mí seguiría en esto hasta la noche”, dice Wan. Se coge el estómago. "Todavía hay lugar", asegura. Lucas sonríe. Ha logrado una vez más que los visitantes se hagan fanáticos de la sazón del Perú. Hay que brindar por eso. Levantan los chilcanos y chocan los vasos. Salud. 

 

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