El hombre que revivió a John Lennon

4 Ago 2012 | 23:30 h

 ¿Qué sería del legendario beatle si no hubiera sido asesinado por un fanático en 1980? ¿Dónde viviría, qué cantaría, con quién se juntaría? El escritor peruano Arturo Delgado Galimberti lo imagina en su novela Karma instantáneo para John Lennon, construida en base a hechos reales. Su retrato humaniza al endiosado ícono de Liverpool: lo muestra propenso a las paradojas, al extremismo político y a la envidia.


Un día, navegando en Internet, Arturo Delgado conoció el rostro más fiero del fanatismo. Había escrito en un foro sobre los Beatles que Paul McCartney participó en la composición de varias canciones atribuidas únicamente a John Lennon. Lo hizo citando la biografía oficial de McCartney, realizada por el escritor Barry Miles. Precisaba así que clásicos del cuarteto británico como “Help!”, “It won’t be long” y “This boy” fueron creados a cuatro oídos por Paul y John y no solo por este último, como se había creído por años. Los devotos de Lennon tomaron el comentario de Arturo como una herejía y empezaron a atacarlo a través de mensajes anónimos. Alguien, sumamente indignado, escribió en la bandeja de la comunidad que todo esto resultaba injusto para Lennon y que el autor de lo que consideraba una patraña se había ganado el título de “Mark David Chapman del foro”. Sí, Chapman fue el hombre que disparó cinco veces a John Lennon.
Arturo se había convertido en el asesino virtual de una leyenda del rock solo por haber recordado que la creatividad humana tiene límites. La “canonización” de Lennon tras su muerte había entrado a un terreno perverso. El escritor Arturo Delgado decidió entonces concebir una ficción que desmitificara al líder de Liverpool, considerado por muchos como el único genio de los Beatles y como un pacifista a ultranza. La mejor forma de hacerlo, pensó, era devolverle la vida, resucitarlo en un libro.

Lo primero que Arturo hizo fue desempolvar los libros, discos y películas que tenía sobre los Beatles en casa. Había sido un fetichista del rock desde niño. Poseía la discografía completa de varias bandas. De los británicos lo tenía todo en varios formatos: vinilo, CD, casete y MP3. Esta investigación le permitió asentar su proyección literaria sobre la base de hechos consumados. Así la historia se hacía creíble. Por ejemplo, un dato real es que Paul McCartney, ya como solista, fue detenido en Japón en enero de 1980 por posesión ilegal de marihuana. Había llegado allí con los Wings como parte de una gira planetaria. El esperado concierto se canceló por un poco de yerba. En su novela, Delgado Galimberti menciona este episodio y elucubra que un fan indignado por el aborto del show se acercó al ex beatle en el aeropuerto y le clavó una filuda katana en el vientre. En esta ficción no es John quien muere, sino Paul. Otro hecho que da verosimilitud a la novela son los rumores que aseguraban, a fines de los setenta, que Yoko Ono tenía una relación extramatrimonial con un artista que es hoy su pareja. En la novela, John y Yoko se divorcian el 2000 luego de que Lennon tuviera un sonado affaire con la actriz y modelo Halle Berry.

En este proceso literario, humanizar a Lennon pasó por mostrar sus contradicciones. A inicios de los setenta, cuando los Beatles ya se habían separado, el músico inició una carrera solista de la que no solía sentirse orgulloso. Por esos años, su ex compañero Paul, con los Wings, sonaba más en las radios. Yoko Ono ha recordado en una entrevista a la revista Q, en el 2005, que John a veces la levantaba a la medianoche y le preguntaba, soñoliento: “¿Por qué (otros artistas) interpretan las canciones de Paul y nunca las mías?”. “Porque tú eres un buen autor de canciones, no escribes rimas facilonas”, le decía Yoko para consolarlo. Al mismo tiempo, el ex beatle había radicalizado su posición política: de apoyar al hippismo en los sesenta había pasado a involucrarse en movimientos trotskistas. En una entrevista que concedió al periódico de izquierda Red Mole jugó con la idea de que era posible utilizar métodos no pacíficos para conseguir la revolución. Por ejemplo, respaldó al Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés), un grupo que buscaba la independencia del Reino Unido a través de las armas. En la canción “The luck of the Irish”, Lennon reclama: “¿Por qué diablos están ahí los ingleses de todos modos?/Mientras matan con Dios de su lado/Culpan de todo a los muchachos del IRA/Mientras los bastardos cometen genocidio. ¡Sí! ¡Genocidio!”. Lo peculiar del caso es que a mediados de la década John Lennon, que había denostado al Imperio británico, le ofreció disculpas al gobierno por haber devuelto una medalla honorífica cuando era beatle. A la luz de esto, la figura de un Lennon totalmente coherente es parte del mito creado tras su muerte.

El hombre que revivió a Lennon en la ficción se ha encargado de ubicarlo en situaciones, lugares y momentos altamente probables. En la novela de Arturo Delgado Galimberti, el ex genio británico vive solo en el edificio Dakota, frente al Central Park de New York. Suele frecuentar un bar exclusivo en el que suben al escenario a cantar personajes hollywoodenses como el cineasta Woody Allen. Algunos de sus interlocutores más frecuentes son el músico David Bowie y el documentalista Michael Moore. Este último le propone a Lennon participar en un filme que cuestiona la política exterior del gobierno estadounidense. Es el tiempo post-Torres Gemelas y se respira un ambiente de persecución a los movimientos underground.

Pero, en el fondo, lo que más descoloca al ícono de Liverpool es la “santificación” que se ha hecho de su fallecido amigo Paul McCartney. Lennon ve cómo la sociedad exalta las cualidades de Paul y no valora las suyas. El escritor Arturo Delgado asegura que en la realidad McCartney sufre algo parecido a lo del John de la ficción. ¿Acaso el Paul de carne y hueso que visitó Lima el año pasado sufre en silencio por la fatalidad de no haber muerto? Puede ser. “Todos hemos sido un poco injustos con él”, dice Arturo. Su novela, escrita con prosa amigable, aborda un tema usualmente soslayado por los escritores peruanos: el fundamentalismo musical. Tampoco es para tanto. Al final, ¿quién no necesita un dios sobre su cabeza?  
(Ghiovani Hinojosa)

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