Cautiva en una maleta

15 Abr 2012 | 0:00 h

Lima, una maleta y tres días de encierro. Estos son los pilares del argumento de Plagio. El secuestro de Melina, novela gráfica firmada por los españoles Hernán Migoya y Joan Marín, que cuenta la historia del rapto de la mujer de Migoya (peruana, nacida en Pucallpa) y que está ambientada íntegramente en nuestra ciudad capital. Migoya no es un desconocido en el ámbito local. Autor de los libros Putas es poco, Quítame tus sucias manos de encima y perpetrador del documental El milagro peruano, el escritor y guionista rinde a través de este cómic un particular homenaje a Lima, los limeños y todos los peruanos. El que se pica, pierde…



Por Nilton Torres
Barcelona



Las oficinas de Norma Editorial en Barcelona están ubicadas en un edificio del céntrico Paseo Sant Joan. Un inmueble de arquitectura modernista, muy representativo del Eixample (Ensanche) barcelonés.  
En uno de los luminosos despachos de la editorial se encuentran el escritor y guionista Hernán Migoya, el dibujante Joan Marín y Melina, la mujer de Migoya. Un espacio que contrasta con el asunto que allí les congrega: hablar sobre un episodio que tuvo como escenario principal una oscura habitación emplazada en el distrito limeño de La Victoria.

Hace quince años Melina fue secuestrada y liberada sana y salva tres días después, tras infructuosas negociaciones por parte de su familia.

Un episodio que hasta el día de hoy inquieta a Melina y que ha servido como fuente de inspiración de una novela gráfica firmada por Migoya y Marín. La primera en su género hecha en España –en Europa–, y que está ambientada íntegramente en la tres veces coronada capital peruana.

Plagio. El secuestro de Melina es un cómic de 272 páginas en el que los dibujos de Joan Marín retratan una Lima bulliciosa, caótica, compleja, y los textos de Migoya recrean con fidelidad los sucesos vividos por su esposa, añadiendo como bonus track documental, fragmentos del atestado policial y transcripciones de las conversaciones telefónicas entre la familia y los secuestradores.

Perennizar el secuestro de Melina en una novela gráfica ha sido una idea que dio vueltas en la cabeza del escritor prácticamente desde que su mujer le contó aquella traumática experiencia. Pero no fue hasta hace tres años que de la propia Melina surgió la iniciativa de plasmar lo ocurrido en un libro, y el escritor se puso manos a la obra.

“Es una historia tan dura, accidentada, apasionante, y además podía acceder a una documentación directa de todo lo acontecido, que no lo dudé”, dice Migoya, quien además está profundamente agradecido con la familia de su mujer, que revivió aquellos dolorosos momentos a pedido suyo.
Pero hay más.

Y es que aparte de narrar un hecho criminal relacionado con la persona que más quiere en el mundo, esta novela le permite al autor diseccionar una sociedad –la peruana– que le fascina, le enamora y le aterroriza al mismo tiempo.


Un “chute” de realidad peruana


Migoya cuenta que no fue complicado que Norma Editorial se interesara por la historia del rapto de Melina. “Contar de primera mano los pormenores de un secuestro es una pera en dulce para un editor”, dice el autor.

Joan Marín, quien ya había trabajado con Migoya haciendo Olimpita (novela gráfica de amor, tragedia e inmigración), se embarcó en el proyecto a través de los bocetos realizados por el propio escritor y fotografías de los sitios donde ocurrieron los hechos. Pero no conocer personalmente aquellos lugares era una traba para la creación, así que en octubre de 2009 Marín viajó más de diez mil kilómetros para ver y sentir aquello que le era esquivo.

“Fueron diez días de inmersión en la cultura limeña y en los escenarios del cómic. Anduve por La Victoria, la Vía Expresa, el malecón Bertolotto”, dice Marín, y confiesa que sus primeros días en Lima tuvo algo de miedo, ya que trabajaba en la historia de un secuestro que ocurría en esa ciudad que estaba descubriendo.

“Un día un taxi me llevó por la Costa Verde y al ver el mar, de noche y la cruz gigantesca, pensé ‘ahora me atracan’, pero no pasó nada. Para un europeo Lima puede parecer amenazadora, pero luego ese ‘peligro’ se convierte en algo natural. Vas con cuidado, estás alerta, y al final te terminas enamorando de ese caos. Yo me enamoré de Lima”, dice el dibujante.

Tras este comentario, a Migoya se le encienden las alarmas y advierte que no pretende estigmatizar a Lima mostrándola como una capital del secuestro, ni a los peruanos como criminales en potencia.  

“Me preocupa que en el Perú alguien pueda picarse con el tema, como algunos  se picaron con el documental El milagro peruano. Aquí de lo que se trata es de tener una visión crítica. Acabo de publicar una novela (Una, grande y zombi) en la que destrozo, desde el punto de vista de la sátira, a España y a sus políticos. Es decir, no tengo una querencia hacia lo propio y por eso arropo una visión crítica a lo de fuera. Sino que mi visión crítica es hacia mi país y hacia fuera”, dice el escritor.

Y precisamente esa “visión crítica” se ilumina cuando Migoya señala que esa historia que expone una tradición de violencia, a la vez le permite transmitir su fascinación por una ciudad, por un caos que es magnético y por esa imprevisibilidad de la vida peruana que en España no existe.

“Me apetecía contar lo que es esa aventura diaria de salir a la calle en Lima y de cómo muchos peruanos lo han integrado en su cotidianidad. Mi intención es que los españoles tengan un chute (una sobredosis) de realidad peruana”, dice Migoya, quien, justamente para lograr ese “sabor local”, tuvo el apoyo de Rafo León, quien hizo las veces de editor de peruanismos, y ayudó a que la novela mantuviese la esencia del hablar peruano y, al mismo tiempo, cierta neutralidad que la hiciese digerible para el lector peninsular.


Canto de amor y muerte


La nota de prensa de la editorial señala que Melina “no ha logrado reunir fuerzas para leer PLAGIO”. Y a decir de la propia Melina, no se trata de una estrategia de marketing, sino de la pura verdad. Por ello es que su participación en la escritura del cómic se puede resumir en las dos semanas en las que ayudó a su marido a repasar lo escrito.

“Me fastidia bastante hablar del tema. En algún momento no tuve paciencia para darle todos los detalles y ser todo lo minuciosa que Hernán quería que fuera. Luego revise el borrador final, repasamos un par de cositas de la historia y ya está”, dice Melina, para quien continúa siendo difícil rememorar aquel episodio convertido en una novela gráfica que llegará a las librerías españolas el próximo 20 de abril.

Los autores no saben aún si se editará en Perú, pero están abiertos a conversar con cualquier editor interesado, siempre y cuando sea serio –ya han tenido algunas no tan buenas experiencias–.

La viñeta final con la que se cierra Plagio. El secuestro de Melina es una imagen bucólica. En ella se ve al propio Migoya y a Melina fundidos en un abrazo y contemplando el mar limeño desde el amplio ventanal de su departamento miraflorino. Y el texto que la acompaña es toda una declaración de intenciones: “… Esta ciudad intensa, fantástica y terrible, nos verá morir a los dos”.

Migoya dice que la novela es un canto de amor y muerte a Lima, y que le gustaría vivir sus últimos y no tan últimos años en la capital peruana.

“Lima y la sociedad peruana me transmiten mucha energía y mucha alegría vital. Así que mi intención es volver el mayor número de veces y por el mayor tiempo posibles”, dice Migoya, quien mientras tanto seguirá viajando cada año a pasar una temporada en esa ciudad en la que asegura sentirse “vivo, sin ansiedades ni presiones”.

 

Recuerdo de un secuestro
 

El 4 de diciembre de 1997 Melina fue secuestrada a pocos metros de su casa de Lince, cuando se dirigía a la universidad. Durante tres días, tres sujetos, entre los que se encontraba un familiar de la propia Melina, la mantuvieron retenida en un cuarto y con una venda sobre los ojos. Mientras ella pasaba las horas pensando en lo que le podían hacer aquellos individuos, estos se pusieron en contacto con su familia en Pucallpa. El padre de la joven vino a Lima para negociar con los secuestradores, pero no lo hizo solo, ya que la Policía también se involucró en el asunto. Cuando los inexpertos plagiarios se dirigían a recoger el dinero del secuestro fueron detenidos y Melina fue liberada. Al cumplir los secuestradores su condena y temiendo represalias, partió a Europa por tiempo indefinido, allí conoció a su esposo, Hernán, y ahora viven en Barcelona. El resto se está escribiendo ahora mismo…

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