El refugio del inca Atahualpa

Cuando los españoles enterraron el cuerpo del inca en 1533, un ejército de 20 mil guerreros incas rescató su cadáver y se lo llevó a Quito. Su destino final habría sido el complejo arqueológico conocido hoy como Malqui-Machay. La historiadora ecuatoriana Tamara Estupiñán asegura haber encontrado la morada del último rey inca. Este es el descubrimiento.Hallazgo. Historia

1 Abr 2012 | 0:00 h

Por Flor Huilca
 

El día en que la historiadora Tamara Estupiñán llegó a Machay, una hacienda al sureste de Quito, el clima se auguraba malo. Era el 26 de junio del 2010. Sábado al mediodía. Le dieron la bienvenida una hilera de buitres haciendo guardia por la carroña de una vaca muerta, una ligera llovizna y bruma, mucha bruma. El sendero de piedra que avanzaba hacia una colina se había convertido en un callejón zigzagueante que protegía la entrada a una plazuela ubicada en la cima del sitio. Las construcciones que aparecían ante su vista tenían el inconfundible estilo inca. Por fin había llegado a los dominios de la panaca (familia) del inca Atahualpa, el último soberano del Tahuantinsuyo.

En este lugar, sostiene la historiadora, se conservaron los restos del inca asesinado por los españoles en 1533. Sin duda, un notable descubrimiento por partida doble. Se trataría de la única tumba de un inca hallada en casi 480 años, y una revelación para Ecuador que no tenía registrado el sitio entre su patrimonio.

Machay está ubicado en el cantón (distrito) de Sigchos, provincia de Cotopaxi, una zona que bien podría ser el Vilcabamba ecuatoriano por su clima tropical y su difícil accesibilidad. Muy parecida a como fue en el Cusco la zona donde Manco Inca y los incas rebeldes resistieron a los españoles. El lugar forma parte un complejo arqueológico integrado también por construcciones incas de la hacienda de Malqui y del pueblo del mismo nombre, ubicado frente a Machay. Este último emplazamiento es el que más importancia tiene. La historiadora asegura que hay evidencia de que fue un santuario que sirvió como morada a los restos del rey inca.

Es imposible ver la zona ceremonial desde la carretera. Tiene una plazuela principal en forma trapezoidal, un ushnu (plataforma ceremonial) con tres escalones, cinco fuentes y canales de agua empedrados. Se puede apreciar, además, los muros de un recinto (habitación) con un pucullo (un pozo cuadrado). Allí, sostiene la historiadora, reposaba la momia del inca en la noche. En el día era colocado en el ushnu, de acuerdo con la tradición inca que le atribuía vida a sus reyes, aun después de muertos. La calidad de la construcción es de estilo pirca, de menor calidad a las edificaciones que hay en el Cusco. Pero el origen inca de las construcciones es incuestionable.


Todas las pistas van a Sigchos


El nombre Malqui-Machay es de origen quechua y fue clave para el hallazgo. Malqui, explica Tamara, significa ‘el cuerpo del inca’, y Machay ‘el lugar sagrado donde se guarda la momia’. Estos dos lugares fueron ubicados en Sigchos, un  nombre que para Tamara era recurrente desde que se propuso seguir el rastro del último inca, hace diez años.

Ella se topó con Sigchos por primera vez cuando encontró el testamento del auqui Francisco Topatauchi, hijo de Atahualpa, que debía sucederlo en el trono. El auqui decía en su testamento que tenía propiedades en Pujilí, cerca de Sigchos. Rumiñahui, el leal general de Atahualpa, también estaba refugiado en Sigchos y desde ahí lideró la resistencia contra los españoles. Quisquis, el otro general del inca, fue capturado cuando iba hacia Sigchos para encontrarse con Zopozo Pangue, tío del soberano y gobernador del Quito inca. “Algo había en esa región que demandaba la presencia de los principales líderes de  la resistencia inca”, explica Tamara. Entre las 20 mil fichas que tenía con información de archivos y notarías, encontró que en 1597 había 90 indios camayoc (‘los que cuidan el cuerpo del inca’ en quechua) en la zona de Sigchos, que tributaban mantas a la corona española. La muerte del inca
Atahualpa fue capturado por los españoles en Cajamarca, en noviembre de 1532.  Diez meses estuvo en manos de Pizarro mientras se reunía el oro y la plata para su rescate. Una vez que aseguraron el botín, el inca fue asesinado, en agosto de 1533. Cronistas como Pedro Pizarro y Antonio de Jerez, testigos de los hechos, cuentan que el asesinato del inca causó conmoción entre los indios. Algunos se ahorcaron y otras mujeres, entre ellas su propia hermana, quisieron hacer lo mismo para servirlo en el otro mundo.

Atahualpa fue enterrado por los españoles en Cajamarca pero a los dos días un ejército de 20 mil hombres rescató su cuerpo. Y es que en la tradición inca ningún soberano era enterrado. Trascendían a la muerte a través de su cuerpo momificado, que seguía gobernando entre los vivos. Los cronistas españoles relataron escenas de cómo las momias de los incas se visitaban entre sí, presidían las fiestas e iban a las guerras. Atahualpa no fue la excepción. Su momia rescatada fue entregada a Rumiñahui en Liribamba.

La pregunta sobre Sigchos que  inquietaba a Tamara encontró su respuesta: ahí debió conservarse la momia de Atahualpa. Rumiñahui, sostiene, se encargó de cuidar a los hijos del inca y de liderar la resistencia por encima de los familiares directos del soberano. El poder para ello se lo daba el ser poseedor de la momia del inca. Rumiñahui fue hecho prisionero y asesinado por los españoles en 1534.

El culto a su momia, asegura Tamara, debió mantenerse en secreto, en manos de los camayoc. Sostiene incluso que MalquiMachay guarda relación con la laguna de Quilotao, considerada sagrada por pobladores de la zona, y con el culto al Niño Jesús de Isichi, de Pujilí, que antiguamente era vestido de inca. Su templo era una huaca. En la zona se conserva viva una tradición inca a través de sus danzas y abunda el apellido Umajinca.

La historiadora lamenta que su hallazgo no haya tenido en su país el mismo eco que alcanzó en el extranjero. Se debe –quizás– al recelo de los ecuatorianos por los incas, que sometieron esos territorios. Su hipótesis, sin embargo, no fue cuestionada por la comunidad académica. George Lomne, director del Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), que auspicia sus investigaciones, respalda su trabajo. Él visitó el sitio dos veces y está sorprendido por el hallazgo. Las excavaciones a cargo del gobierno ecuatoriano se iniciarán a mediados de año pero es poco probable que se encuentren los restos del inca. “Lo sacaron de Cajamarca para darle vida; sería contradictorio haberlo vuelto a enterrar”, sostiene. Aquel sitio al que llegó en un día sombrío todavía no ha revelado  todos sus secretos.

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