Balances y perspectivas

10 Ago 2011 | 0:00 h

Por Javier Barreda

Leyendo el artículo de Martín Tanaka (La República, 31 de julio), sobre cómo los analistas y especialistas evalúan el gobierno de Alan García, dice bien cuando expresa que los críticos han superpuesto sus propias preferencias a lo que el gobierno debía hacer.

Es así que el arco gira desde la extrema izquierda que refiere que este es un gobierno “neoliberal”, hasta los que desde la derecha le reclamaron a García posiciones menos reguladoras, más pro-inversión, pero en general califican como positivo al gobierno.

Y efectivamente, uno viene leyendo estos balances y como que va encontrando lo mismo: “se creció pero no hubo inclusión”, “las provincias no crecieron”, “la modernidad parcial, solo en Lima”, “no hubo agenda social”, etc. Entonces uno puede preguntarse qué sucedió con la “inclusión social” en la historia del Perú con gobiernos en los cuales el desarrollo se paralizó a pesar del discurso nacionalista (Velasco), la pobreza creció (Fujimori) o la pobreza estuvo estabilizada (Toledo). Es decir, ¿estos gobiernos no incluyeron?

En los cinco últimos años de gobierno la pobreza se redujo de 48% a 31%; el crecimiento del empleo adecuado (10,7% al año) fue mayor al (de) crecimiento del empleo no adecuado (- 1,7 % al año); el empleo registrado se incrementó en las principales ciudades del interior. La desigualdad se redujo y se ha dado la mayor inversión pública en regiones de toda la historia. Sociológicamente: nuevas clases medias en Lima y en regiones y la emergencia de sectores populares en mercados diferenciados pero crecientes. Porque si existe una forma permanente de inclusión social es la generación de mercado y empleo (el más formal posible).

Regresando al artículo de Tanaka. Él refiere que su punto de análisis se centra en lo que García “debió” y “pudo haber hecho con lo que realmente hizo”. Efectivamente esa es la forma con la que debiera analizarse todo gobierno. Y si hubo un gobierno que se propuso metas en el 2006 fue el de García. Basta leer todos los documentos de objetivos de gobierno en el 2006 y su cumplimiento ya al 2010: de un PBI de 79 mil millones a uno de 153 mil millones de dólares; de una inversión privada de 48 mil a 106 mil millones. Se propuso reducir la pobreza al 30% al 2011 y es posible que hoy ello ya se haya cumplido. Se planteó la creación de 1,5 millones de empleo y a mediados del 2011 ya son más de 2,5 millones. García puso en la agenda la inclusión social, jugarse por la inversión es parte de ello. Decir lo contrario como lo refiere Tanaka, es también subjetivo o, por lo menos, discutible.

Sin embargo, quienes participamos en la gestión somos los primeros en reconocer que no se procesaron adecuadamente algunas tensiones sociales; no aceleramos determinadas acciones para la modernización estatal; lógicas aletargadas de ciertas burocracias ganaban voluntades; descentralizamos con rapidez pero no monitoreamos esas delegaciones, y no pudimos convencer a alguna tecnocracia presupuestal para acciones o incentivos públicos en momentos necesarios. Agregándose a ello determinados casos de corrupción, que complicaron la imagen y la acción del gobierno. Pero la verdad que el modelo de García sí incluyó y redujo pobreza (¿hay una alternativa, radical, distinta, viable?).

Será más importante a futuro seguir la lógica de Tanaka; pero efectivamente: qué se propone un gobierno al inicio; cómo lo que se implementa se condice o no con el discurso electoral; cómo actúan sus tendencias internas; cómo se logran esos objetivos ante límites presupuestales y presiones sociales y políticas; cómo el contexto internacional incide sobre los proyectos de gobierno; qué liderazgo y estilo se generan; etc. En perspectiva, y si la democracia se consolida, se debería hacer este tipo de balance para Toledo, García y Humala, en tanto inclusión real (que va más allá de los programas sociales) y, de seguro, los críticos a estos cinco años tendrán más sorpresas de las que se imaginan.

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