El caso camposol

3 Oct 2010 | 13:25 h

A ocho horas de Lima, ubicado entre las áreas de riego de Chavimochic y Chira-Piura, sobre unas 5,300 hectáreas, está el emporio agrícola Camposol, que es hoy por hoy el más grande exportador de espárragos del mundo. Semanas atrás el sindicato de trabajadores buscó incentivos para sus afiliados. No logró mucho. Pese a los millones que deja la venta de espárragos, la calidad de vida de quienes los producen no ha mejorado un ápice.

Texto y fotos Eva hersaw


Un polvoroso bus azul se detiene en el centro de Chao. Fachadas desteñidas bordean la ruta entre Trujillo y Lima. Después de las cinco de la tarde, el sol se agacha en el cielo y las dunas blancas empiezan su transformación diaria de pergamino a rubor de colorete. Uno por uno, los obreros de Camposol, la empresa más grande de La Libertad, bajan del bus. Identificamos a los que vienen del campo por que llevan una gorra de visera ancha, una navaja o un destrozado trapo colgando sobre su cabeza. Unos segundos después ya desaparecieron detrás de paredes de adobe, afiches de campaña y escaparates congestionados.

A unos veinte metros, cincuenta trabajadores se congregan alrededor de una mesa de plástico. Desde lejos, se escucha la trasmisión de un partido de fútbol. El espacio está intermitentemente punteado por aplausos y abucheos; se lanzan los brazos al aire. A una hora del lugar, en la Gerencia Regional de Trabajo de La Libertad, en Trujillo, dirigentes del Sindicato de Trabajadores de Camposol (Sitecasa) han entrado a la octava hora de las negociaciones colectivas.

Camposol

Camposol emplea aproximadamente diez mil trabajadores en las comunidades de Virú, Chao y Nuevo Chao. En sus 13 años no solo ha llegado a ser la empresa más grande de La Libertad: tuvo el 30.2% de la producción de la región en el 2009 y hoy es el exportador número uno de espárragos en el mundo. Su crecimiento ha sido facilitado por el proyecto Chavimochic que en 1994 trajo agua por los Andes a tierras que sin la irrigación continuarían totalmente áridas. El mejor acceso a mercados internacionales, así como la firma del TLC con EEUU, le cayó muy bien a la empresa. El año pasado, pese a la crisis mundial, Camposol registró ganancias por 24.2 millones de dólares, una disminución de 20% de los 30.3 millones que ganó en el 2008. Este año abrió oficinas en España y Holanda, y pronto sembrará en Piura. Su lema es ‘hacer más con menos’.

Lo bueno, lo malo y lo feo

La llegada de las empresas agrícolas de productos no tradicionales a la ahora fecunda costa de Trujillo no ha sido sin controversia. Apoyada por incentivos tributarios y laborales, Camposol goza de un uso intenso y maximalista de los recursos naturales y humanos de la zona. Es mandamás del mercado, pero debe lidiar con polémicas y juicios laborales, que revelan el descontento de sus trabajadores.

Los reclamos de estos se centran en los sueldos irrisorios, la discriminación contra la actividad sindical y los despidos caprichosos (‘descansos temporales’), validados bajo el régimen agrario definido por la ley 27360. Conocida como Ley de Promoción del Sector Agrario, esta norma busca atraer inversión privada a proyectos de riego a través de incentivos laborales y una alta seguridad de retorno de inversión. El éxito de esta ley ha facilitado el boom de la agroindustria en los últimos diez años.

Los trabajadores
Sentado frente a una taza de té, y con el vapor subiendo por su rostro, un trabajador habla de sus preocupaciones: “Con esta ley 27360 te truncan los sueños, tú no avanzas”. Él dejó de estudiar hace tres años y se mudó a Chao a trabajar en Camposol. “Yo quería sacar un préstamo y terminar la escuela, pero en este trabajo nadie se siente seguro. En cualquier momento me pueden botar a la calle”.

Una pareja de trabajadores se agacha en el paradero. Ambos tosen y estornudan de forma alterna. Hace once años llegaron de la sierra, siguiendo las promesas de empleo que anunciaban las empresas. El marido fue despedido hace un mes. Mete la mano a su bolsa y extrae el aviso de término de contrato y certificados de nacimiento para cada uno de sus diez hijos. “No sé leer ni escribir –admite– y no he podido leer ninguno de los documentos que me han dado. Lo que sí sé es que el dinero que me pagaban no alcanzaba ni siquiera para la escuela”. Para muchos que han migrado de la sierra y la selva es igual; el ciclo parece ineludible. Sin alternativas de empleo, los trabajadores se encuentran sin más opción que aceptar el sueldo mínimo que les impide tener una vida mejor para sus hijos y para ellos mismos.

El abogado laboral Javier Mujica señala que, según la ley 27360, los trabajadores del régimen agrario ganan S/. 476.64, una suma inferior a la remuneración mínima vital. “El régimen de precarización laboral en el sector agrario contradice los compromisos del Capítulo 17 del TLC”. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue destacado por el presidente Obama por sus altos estándares ambientales y laborales. Las enmiendas al Capítulo 17, el capítulo laboral, incluyeron un énfasis especial en el reconocimiento de los derechos definidos por la OIT, como condiciones de trabajo aceptables en cuanto al salario, las horas de trabajo, la salud y la seguridad ocupacionales de los y las trabajadores.

De las negociaciones colectivas que se sostuvieron en julio surgió una decepción también colectiva. Después de lo que los negociadores identificaron como “una presión inmensa de algunos de los representantes de Camposol”, salieron sin ganar un solo punto que habían propuesto, entre ellos un aumento al sueldo. El único logro: un pago de S/. 50 a cada miembro del sindicato. En palabras de un trabajador sindical: “Todos ganamos un par de pantalones nuevos.” Con la negociación colectiva de la empresa TALSA, quebrada poco antes, y la de la Sociedad Agrícola Virú y otras del país en el horizonte, el caso de Camposol es importante e ilustrativo. Miguel Caldas, gerente de Recursos Humanos de Camposol, afirmó que un aumento de salario no figuró dentro de los puntos del acuerdo. Además, haciendo referencia a los bajos salarios agrarios, añadió: “Esto no es un tema exclusivo de Camposol sino de todo el sector.”

La idea de responsabilidad social empresarial ha crecido como el contrapeso a la explotación de recursos naturales y derechos humanos básicos que es frecuentemente asociada con la globalización y el comercio internacional. El libre comercio puede ser inherentemente injusto, pero la globalización ha creado una población consumidora cada vez más consciente, que goza del privilegio de escoger la empresa que mejor representa sus ideales, ya sean los de un salario justo, responsabilidad ambiental o un compromiso a los derechos humanos básicos. El impacto de los consumidores puede hacer, deshacer o transformar a una empresa.

En la memoria del 2009, Camposol declaró los siguientes valores de empresa: integridad, respeto, trabajo de equipo, excelencia y austeridad. Si Camposol quiere dar a los consumidores internacionales la impresión de que la integridad y el respeto son fundamentales en sus operaciones peruanas, más vale empezar con un aumento salarial para sus trabajadores.

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