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La planta de tratamiento de San Borja procesa el caudal del río Surco y genera aguas de riego para las áreas verdes del distrito. Sus instalaciones no solo se mimetizan con el ornato urbano, lo más importante es que utilizan tecnología natural. Un ejemplo que merece ser replicado tanto en Lima como en el interior del país.
Por Ghiovani Hinojosa
Fotos: Ana María Castañeda
Sentarse en el césped de un parque para percibir inmediatamente un olor fétido y luego descubrir ronchas en la piel es una experiencia frecuente en el esparcimiento de los limeños. El ingeniero ambiental Rafael Loo tiene una explicación para este infeliz encuentro con la naturaleza: cerca del 70% de las áreas verdes de la capital son regadas con las aguas contaminadas del río Surco, e, incluso, con aguas servidas provenientes de los desechos domésticos e industriales. En este escenario maloliente, en que además el agua escasea debido al calentamiento global, la Planta Biofísica de Tratamiento de Agua del distrito de San Borja surge como una alternativa ecológica que permite el riego seguro y económico de los pulmones de la ciudad.
Mimetismo urbano
En el cruce de las avenidas San Borja Sur y Boulevard, frente al Pentagonito, una casita parece extraviada en un mar de vegetación. Unos pequeños patos blancos corretean bajo el sol, mientras dos señoras y un niño juegan con naturalidad en el borde de la laguna artificial. Los vecinos llaman a esta zona ‘El parque de la felicidad’, sin saber que mientras son felices un coordinado sistema de tratamiento de agua opera en sus verdes entrañas. “Era necesario que la planta se mimetice con el ornato urbano”, recalca Loo, responsable de Medio Ambiente del municipio de San Borja, para referirse a una de las principales cualidades de esta infraestructura: su discreta adecuación a las características arquitectónicas del espacio público.
Así, la planta fue concebida con un diseño que le permita pasar inadvertida por quienes visiten el parque. Y desde el año pasado procesa las aguas del río Surco, altamente contaminadas por venir directamente del Rímac, para utilizarlas en el riego de entre 10 y 12 hectáreas de áreas verdes del distrito. En realidad, es la segunda obra de este tipo, ya que hay otra planta con similar capacidad en la zona, lo que suma un total de entre 20 y 24 hectáreas verdes regadas con aguas tratadas. Rafael Loo explica que el resto de áreas verdes recibe directamente las aguas del río Surco o es regado con agua potable. Y si bien esta última posibilidad no trae peligros para la salud, es tan cara que lo mejor será impulsar las plantas procesadoras de agua. “El metro cúbico de agua potable nos cuesta S/. 2.30, mientras que el metro cúbico de agua tratada en nuestra planta nos sale a S/. 0.70”, explica.
Distritos como Santa Anita, Ate Vitarte, San Isidro, Magdalena y Pueblo Libre también tienen bajo su suelo las aguas subterráneas de este río. Pero solo Surco y San Borja aprovechan su potencial ecológico tratando sus aguas. En el Parque de la Felicidad unos adolescentes revolotean sin cuidado en el pasto, a la vez que el ligero rumor de un caudal acompaña su tarde recreativa.
Proceso natural
Ese ligero rumor viene del fondo de un pequeño pozo que llega hasta la superficie en forma de un desagüe cualquiera. Abajo fluye el río Surco, oscuro y potente, y se enfrenta a la primera parte del tratamiento: unas rejas que retienen residuos sólidos grandes y medianos, desde verduras y bolsas hasta animales muertos. Rafael Loo asegura que, debido a que el caudal pasa por varios asentamientos humanos, sus niveles de contaminación son similares o, a veces, peores al de las aguas servidas domésticas.
Posteriormente, el agua es bombeada hacia una cisterna superior ubicada en el ‘segundo piso’ de la planta. Aquí, en esta suerte de piscina, el agua detiene su marcha y empieza la ‘sedimentación’ en otra cisterna paralela. Esta parte incluye bajar la velocidad del agua para que las pequeñas partículas de basura restantes caigan solas a la base. Loo lo ejemplifica así: “Cuando corres con una botella llena de agua y arena, estos contenidos se mezclan. Si te detienes, la arena desciende sola a la base”. De este modo se recurre a principios físicos básicos. En el proceso no se utiliza químicos, todo es natural.
Ahora se inicia la etapa biológica, que usa organismos vivos para purificar el agua. Aquí llaman la atención los ‘Jacintos de agua’, plantas acuáticas selváticas que retienen metales pesados, como el plomo y arsénico, en sus raíces. De esta forma, el agua está lista para la fase final, la desinfección, realizada al interior de la pequeña casa en medio del parque. Allí se activan unas lámparas ultravioleta agrupadas en un objeto similar a un foco fluorescente, que termina por dar completa transparencia al agua tratada.
“El 40% de zonas en Lima no tiene agua. Incluso, sabemos que el río Surco se va a secar”, advierte Rafael Loo. Por eso tienen planeado construir otra planta, esta vez de aguas servidas, pero con una nueva metodología: “Utilizaremos la zona subterránea, ya que San Borja no tiene espacios y a ningún vecino le gusta tener una de estas plantas a su costado”. Aparte de este distrito, en la capital solo existe infraestructura similar en Miraflores, Surco y La Molina. El resto es un silencio municipal que desaprovecha los beneficios sociales y ecológicos de construir plantas de tratamiento de aguas servidas o de ríos. El color verde se necesita cada vez más en las ciudades y para su florecimiento el azul del agua es sencillamente vital.
Naturaleza urbana
San Borja, con sus 136 hectáreas de áreas verdes, es uno de los pocos distritos limeños que cumplen con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de tener como mínimo entre 9 y 11 metros cuadrados de espacio verde por habitante. Aquí el crecimiento demográfico no ha obligado a enrejar las calles y avenidas, sino más bien a ampliar los parques e impulsar medidas alternativas de riego.
Cifras
360 mil soles costó la construcción de la Planta Biofísica de Tratamiento de Agua de San Borja.
298,231 metros cúbicos de agua potable consumen mensualmente el Cercado de Lima, Santiago de Surco, La Molina, Miraflores y el Callao en el riego de sus parques, según Sedapal.
Más áreas verdes (m2/hab)
1. La Molina (40)
2. San Isidro (35.5)
3. Surco (22.2)
4. San Borja (11.6)
Menos áreas verdes (m2/hab)
1. Villa María del Triunfo (0.4)
2. Puente Piedra (0.5)
3. Ventanilla (0.6)
4. Lurín (0.7)
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