La renovación del puente colgante de Q’eswachaka [Video]

La renovación del puente de Q’eswachaka se ha convertido en la ceremonia de cultura viva más atractiva del Cusco.

La Republica



Escribe: Roberto Ochoa

Cada año, cientos de comuneros de Quehue, en la provincia de Canas, juntas esfuerzos durante tres días para renovar su viejo puente peatonal sobre el río Apurímac. Se trata del único puente colgante “vivo” del antiguo Qapac Ñan o camino real que unió todo el Tawantinsuyo.

Esta demostración de la antigua tecnología andina no sólo atrae cientos de turistas. También ha sido investigado en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusett (MIT, por sus siglas en inglés) donde los estudiantes de ingeniería replicaron el puente de Q’eswachaka como nueva vía peatonal entre dos edificios de su ciudad universitaria. Más recientemente, en el 2015, comuneros de Quehue viajaron a Estados Unidos especialmente invitados por el Instituto Smithsonian para construir un puente en el National Mall de Washington DC.

Una reciente investigación del historiador Rafael Varón Gabai da nuevas luces sobre esta ceremonia que se inició en el año 1973, cuando las fuertes lluvias y granizos arrasaron las cosechas y afectaron la actividad ganadera de las comunidades de Quehue.

Varón revela que los comuneros asumieron que el desorden climático de eso año se debió al abandono en el mantenimiento del puente. Desde entonces y previo cambio de fechas (de enero a junio) la reconstrucción de Q’eswachaka asumió una condición de “centro organizador del sistema de comunidades campesinas de Quehue y conector del espacio geográfico y social”. Además, explica la particular visión que tienen estos pobladores altiplánicos sobre el cambio climático. “Han sufrido grandes cambios climáticos, sociales y políticos a lo largo de los siglos y posiblemente de los milenos, que han sabido enfrentar solamente armados de sus conocimientos ancestrales y sus estrategias de adaptación al cambio”, sostiene el historiador.

Pero lo mejor es leer la investigación de Rafael Varón:

El puente colgante de Q,eswachaka: práctica milenaria y la profecía de la sostenibilidad

Rafael Varón Gabai*

En la localidad de Quehue, ribereña del río Apurímac, en el departamento del Cuzco, se encuentra el único puente colgante sobreviviente de la época prehispánica en los Andes, el puente de Q,eswachaka. El puente, elaborado íntegramente de fibras vegetales tejidas a mano, es uno de los innumerables que sirvieron por milenios a la red de caminos del antiguo Perú, una red vial que llegó a su máxima expresión durante la época Incaica (c. 1430 - 1533) pero que sus orígenes se remontan mucho tiempo atrás y que han seguido siendo utilizados durante la colonia y aún hasta la actualidad. Los caminos y sus puentes fueron descritos con fascinación por los primeros españoles que los atravesaron desde la conquista en adelante, debido a la excelencia de su trazo, ingeniosas soluciones ante la difícil geografía y calidad constructiva.

El puente que perdió su función original de vía de comunicación entre las dos riberas del río asumió luego la de 'centro organizador del sistema de comunidades campesinas' de Quehue, que más recientemente se ha visto complementada al considerársele un atractivo turístico vivencial único en el país. El nuevo reto que enfrentan las comunidades de Quehue y con ellas el puente de Q,eswachaka lo plantea el cambio climático que sin duda constituye un gran reto a su sostenibilidad.

El puente de Q,eswachaka se encuentra en el tramo más difícil del cañón del río Apurímac. En ese tramo el camino Inca tenía varios puentes que comunicaban a la Amazonía y la vertiente oriental de los Andes con la sierra de los actuales departamentos del Cuzco, Arequipa y Apurímac.[1] El más célebre de estos puentes, por ejemplo, el Maucachaca, desaparecido poco después de 1877 es el puente que sirvió de inspiración a Thornton Wilder para escribir su conocida novela El puente de San Luis Rey.[2]

Volviendo al Q,eswachaka, éste todavía se encontraba colgado en 1970 pero había sido abandonado debido a que dos años antes se le construyó un puente metálico a pocos metros de distancia en una nueva carretera que lo condenó al abandono, por lo menos temporalmente.[3]

El distrito de Quehue, donde se encuentra el puente, se extiende entre los 3,700 y los 4,050 msnm en un ámbito de diversos pisos ecológicos a los que la población accede desde hace milenios para sus labores agropecuarias. La región del Cuzco, de la que Quehue forma parte, tiene una excepcional biodiversidad natural y preeminencia como centro de domesticación de cultivos y animales de altura.[4] Es un lugar de conservación de semillas --actividad que generalmente realizan las mujeres, encargadas de custodiar las distintas variedades--, que en su momento serán entregadas a los comuneros para la siembra.[5]

Quehue tiene una población de 3,593 habitantes, agrupada en cuatro comunidades campesinas que constituyen las organizaciones más representativas de la región.[6] Es una zona de extrema pobreza donde los servicios básicos de agua, desagüe y electricidad son inexistentes o muy limitados; la tasa de desnutrición infantil es elevada y también lo es el analfabetismo. Su mayor actividad económica es la ganadería, para la que disponen de extensos pastizales, siendo la crianza de ovinos la de mayor importancia seguida de vacunos, llamas, cuyes y alpacas. Cuentan con reserva de agua en lagunas y bofedales en las partes altas, que emplean para el cultivo de avena forrajera, papa y alfalfa.[7] La feria semanal de Quehue es el principal espacio de intercambio monetario y de trueque.[8]

Luego de un periodo de abandono de unos pocos años, las cuatro comunidades de Quehue --Ccollana Quehue, Huinchiri, Chaupibanda y Choccayhua--, reiniciaron en 1973 la labor de reconstruir todos los años el puente de Q,eswachaka.[9] El chakaruwaq o ingeniero tradicional portador del conocimiento necesario para la reconstrucción del puente, Victoriano Arizapana, aseguró que el desorden climático que se había producido en ese entonces, la 'lluvia de fuego, granizada, rayos y truenos” y la constatación de que “no había nada de comida para comer... no había ni cebada ni oca” había ocurrido porque “ya no hacíamos mantenimiento [del puente], por eso ha pasado esto...'.[10] Hacia 2002 se cambió la fecha de la reconstrucción anual del puente, --que se reconstruye íntegramente todos los años-- de los días siguientes a la batalla ritual del chiaraje en enero-- a la segunda semana de junio. El motivo se dice en la comunidad que fue para evitar a los constructores el riesgo causado por las intensas lluvias, las tormentas eléctricas y el elevado cauce del río,[11] pero tenemos indicios para creer que el verdadero motivo pudo haber sido facilitar la llegada de visitantes para participar del evento, ya sea comuneros de Quehue que han migrado a otras localidades o turistas ajenos a la comunidad.

Todas las comunidades de Quehue participan en la reconstrucción del puente. La labor encomendada a cada una de ellas es en principio equivalente, aunque se reconoce la función preponderante de la comunidad de Huinchiri, la más cercana al puente, de donde proceden los dos chakaruwaq (ingenieros tradicionales) y el paqo (sacerdote andino).

Para la construcción del nuevo puente, cada familia tiene la obligación de tejer una larga soga de 40 brazadas (unos 70 m) elaborada con la planta llamada qoya o chillihua, una gramínea de zona alta y húmeda de la puna que crece en estado silvestre. Este trabajo colaborativo se realiza como una obligación comunal no remunerada, en una modalidad muy extendida en los Andes, la mink,a. Después de recorrer grandes distancias en busca de los pastizales, los comuneros inician la jornada juntándose para chacchar la hoja de coca, luego de lo cual proceden a segar la qoya y llevarla a casa. La paja se prepara y se trenza a mano, labor que realiza toda la familia durante varios días.

La segunda semana de junio se congregan unas mil personas de las cuatro comunidades de Quehue en las inmediaciones del antiguo puente. Durante los tres días siguientes se dedicarán a la construcción de un puente completamente nuevo, idéntico al anterior, que medirá aproximadamente 28 metros de largo con un tablero de 1.20 m de ancho y estará asegurado en los grandes anclajes de piedra ubicados a ambas bandas del río, dos a cada lado. Antes de iniciar la construcción el paqo oficia una mesa como ofrenda ritual a la pachamama, la madre tierra, y a los apus locales, las montañas tutelares sagradas, que se repite cada día durante la construcción con la finalidad de pedir permiso y protección para los participantes de la faena. Victoriano Arizapana Huayhua y Eleuterio Callo Tapia son los chakaruwaq, los ingenieros tradicionales que desde hace dos décadas dirigen la obra y son portadores de este conocimiento.

El primer paso del trabajo repetido sistemáticamente durante cientos de años lo da un comunero que cruza el puente llevando una soguilla destinada a trasladar los materiales de construcción de un lado al otro del río. De inmediato se corta el puente antiguo, que se deja caer al río Apurímac, 15 metros abajo. Entonces los presentes comienzan a trenzar las soguillas aportadas por las familias comuneras para obtener sogas de distintos grosores que formarán la estructura del puente, el soporte del tablero, la baranda y el pasamanos. Finalmente, se tejerá un tapete de ramas que se extenderá sobre el tablero del piso.

Cuando los dos chakaruwaq, que han venido tejiendo el puente cada uno desde una orilla opuesta del río, se encuentran al centro del puente, la obra ha concluido. Han pasado tres días desde el corte del puente antiguo y el nuevo puente de Q,eswachaka está listo para el cruce inaugural de autoridades y notables que vendrá acompañado del júbilo de los comuneros.[12]

VARIABILIDAD DEL CLIMA, CAMBIO CLIMÁTICO Y LA PROFECÍA DE LA SOSTENIBILIDAD DEL PUENTE Y DE LA COMUNIDAD

Los Andes Centrales, incluyendo la zona donde se encuentra el puente de Q,eswachaka, se caracterizan por una gran variabilidad e incertidumbre climática. Es así que un indicador importante de esta variabilidad, el inicio de la temporada de lluvias, que marca con ella el comienzo del ciclo agrícola, puede fluctuar hasta en dos meses. La situación de variabilidad climática llega a niveles aún mayores con los eventos periódicos de El Niño y La Niña.[13]

Los grandes impactos climáticos, migraciones masivas de población y cambios significativos en el uso de la tierra agrícola han ocurrido en la región del Cuzco en el pasado, desde hace decenas de miles de años. Así, mediciones científicas han identificado en esta región eventos climáticos locales de magnitud mayor fechados alrededor de los años 100 dC y 1050 dC, los que marcarían tres fases contrapuestas de uso de la tierra, que podrían vincularse a eventos climáticos de mayor amplitud geográfica[14] y que han sido argumento para explicar las grandes migraciones y otros fenómenos sociales acaecidos alrededor de esas fechas en la región andina.

Por una parte, en este contexto de grandes impactos climáticos eventuales y significativa variabilidad climática, los recursos acuíferos en la alta montaña cumplen un papel fundamental para las poblaciones y los ecosistemas debido a que almacenan y liberan agua de la nieve, hielo y lagunas. Así, si bien el aporte de los glaciares al flujo de los ríos parece ser pequeño en una escala global, va creciendo la preocupación de la comunidad científica por los cambios en la escorrentía y descarga a largo plazo en regiones de alta montaña y sus localidades adyacentes aguas abajo.[15] En los Andes tropicales los glaciares representan una fuente primordial de agua para las comunidades locales, a la vez que congregan valores culturales y espirituales milenarios. Es por ello que resulta importante destacar la cada vez mayor evidencia de una reducción estacional del flujo causada por el proceso continuo de la reducción de los glaciares.[16] En la Cordillera Vilcanota, donde se encuentra Quehue, se ha observado una marcada reducción de los glaciares en los últimos 20 a 30 años.[17]

Por otra, el incremento de la demanda de agua debido al crecimiento demográfico y otros factores de desarrollo socioeconómico pueden resultar en escasez del recurso aún antes de sentirse los efectos del cambio climático y de la reducción de los glaciares en el menor abastecimiento de agua.[18]

Es así que mientras que el efecto de la variación de los recursos acuíferos repercute localmente y aguas abajo, las fuerzas hidroclimáticas y socioeconómicas del cambio del recurso acuífero no son con frecuencia cuantificadas e interconectadas con exactitud; en consecuencia, el reto para la mejor comprensión de los hechos se acrecienta con la escasez de datos de la región.[19] Más aún, las mediciones meteorológicas son escasas e insuficientes para arrojar cifras confiables de largo aliento en la zona.[20] Por último, para hacer más difícil la validez de los datos obtenidos, prácticamente la totalidad de las estaciones meteorológicas que tienen alguna antigüedad en la región están ubicadas en centros urbanos por lo que sus mediciones estarían influenciadas por la creciente capacidad retentiva de calor de estos espacios cargados de fierro y cemento, y sería riesgoso generalizar los resultados de esas mediciones urbanas a las áreas rurales de su entorno.[21]

Frente a esta situación secular de incertidumbre climática, el manejo del riesgo de parte de las comunidades campesinas se ha convertido en una exigencia que apunta hacia la búsqueda de una agricultura viable, circunstancia que ha condicionado la evolución socioeconómica y política de las sociedades andinas en la historia.[22] Resulta plausible considerar, entonces, que sea en gran medida a causa de la condicionante de la incertidumbre climática de la región que las comunidades hayan adoptado estrategias específicas para conservar las semillas, para tener las semillas adaptadas a distintos niveles altitudinales y nichos ecológicos, que acudiesen a estrategias de migración temporal o permanente de sus integrantes para asegurar su subsistencia y que estableciesen redes de trueque y comercio con otras comunidades, frecuentemente con acceso a otros pisos ecológicos.

Estudios recientes sugieren que en las regiones de Apurímac y Cuzco 'no existe un patrón sostenido de la variabilidad de la precipitación, temperatura máxima y mínima del aire a nivel decadal, pero existe clara influencia interanual, fundamentada en periodos [de] El Niño, La Niña....' Sin embargo, 'la tendencia del índice de precipitación acumulada en un año se ha incrementado en una tasa promedio de 3.3 mm/día/año.' Asimismo, un informe meteorológico afirma que hay una tendencia a que los días 'están siendo más calientes... y las noches más frías', aunque con algunas excepciones.'[23] Es decir, los factores de lluvia y temperatura están cambiando y no se trata únicamente de un evento esporádico.

Por otra parte, estudios referidos al periodo de 1950-2010 aseguran que la temperatura se ha incrementado 0.13ºC por década en los Andes tropicales. Pero el ritmo de calentamiento ha disminuido en las últimas décadas. También es cierto, indican los estudios mencionados, que la costa mostró una tendencia negativa en las mediciones de temperatura de las últimas dos décadas, mientras que las zonas altoandinas se siguen calentando. Las precipitaciones no muestran un comportamiento claro y único, pero sí hay una ligera tendencia a su disminución en la cuenca del Vilcanota, contigua a Quehue y al puente de Q,eswachaka.[24]

Percepción de la comunidad del cambio climático

El cambio climático o, más precisamente, la modificación de los actuales patrones de temperatura y lluvias, no parece ser un tema que preocupe a las comunidades de Quehue y no es un tema tratado habitualmente en sus reuniones y asambleas. Cuando los comuneros se refieren a variaciones del clima, que ellos perciben como alteracionesnormales que se vienen presentado en los últimos años, las explican como una respuesta a condiciones puntuales, diferentes a las habituales. Así, por ejemplo, cuando se presentó una situación considerada anómala por la comunidad en la época en que se dejó de efectuar la renovación anual del puente de Q,eswachaka, se la atribuyó al abandono del puente (que es considerado por sí mismo un Apu o divinidad local) y su omisión de renovarlo.[25] Entendemos, entonces, que la comunidad no está pensando en variaciones significativas de largo aliento en el clima sino en cambios esporádicos de motivación puntual.

Sin embargo, un visitante frecuente de Quehue y el puente pero ajeno a la comunidad asegura que en la actualidad se encuentran ciertos indicios que podrían estar marcando cambios de largo aliento, como por ejemplo la presencia de flora y fauna habitualmente de pisos ecológicos inferiores, que ahora se comienzan a encontrar a mayor altura.[26] A manera de comparación con otra región de los Andes, en la cuenca del río Suches en el Altiplano boliviano, se ha observado sistemáticamente un cambio similar al mencionado, habiendo respondido la comunidad con el traslado de cultivos a espacios de mayor altura ante el incremento de la temperatura en cada nivel altitudinal.[27]

Un aspecto que cabe mencionar es que algunas comunidades campesinas en otras zonas montañosas del Perú, han adoptado un discurso global del cambio climático. Este no parece ser el caso de las comunidades de Quehue que, como hemos visto anteriormente, no han señalado al cambio climático como un tema de agenda. En esta línea, resulta interesante referir la opinión de un antropólogo conocedor de la región que asegura que 'el hombre andino cuestiona las ideas convencionales sobre la globalización al asumir [tradicionalmente] la imagen de un mundo habitado simultáneamente por seres humanos y no humanos y que solamente puede entender los problemas ambientales dándole voz a ambos.'[28]

Adaptación de la comunidad al cambio climático y sostenibilidad

Si pensamos en las estrategias que podrían adoptar las comunidades de Quehue --aquellas que renuevan anualmente el puente de Q,eswachaka-- ante un incremento de las temperaturas locales, probablemente considerarían trasladar los cultivos a sus niveles altitudinales inmediatamente superiores de manera que se puedan adaptar a una menor temperatura con un régimen de lluvia variado.[29]

Otra estrategia adecuada que se aplica desde hace siglos en muchas comunidades andinas, aún en épocas preincaicas, es la migración temporal o permanente destinada a sustituir la escasez de los recursos agropecuarios locales. En la actualidad, muchos comuneros de Quehue emigran temporalmente para estudiar o trabajar, pero probablemente muchos regresan anualmente para participar en la reconstrucción del puente. Es así que, si bien la labor agropecuaria es fundamental en Quehue, una nueva línea de generación de ingresos que mejore el potencial productivo de la comunidad ante la posible modificación del clima o sin ella, es considerar al visitante que acude a ver el puente de Q,eswachaka, cada vez en mayor número.

En cuanto a la materia prima del puente, si la qoya se aleja y escasea la podrán reemplazar con la paqpa, la cabuya o pita del maguey que era utilizada antiguamente para los puentes río abajo de Quehue.[30]

El papel que ha asumido el puente de Q,eswachaka desde el replanteamiento efectuado por las comunidades que lo reconstruyen a partir de 1970 lo ha puesto en una condición que podemos denominar 'centro organizador del sistema de comunidades campesinas' de Quehue y 'conector del espacio' geográfico y social.[31] El papel del puente, del Apu Q,eswachaka, se ha fortalecido en las últimas décadas dentro de la comunidad y se tiene como el ícono de un desarrollo quizá más utópico que venidero,

'Si antes no lo sentían como suyo el puente Q,eswachaka, ahora lo sienten más suyo porque están siempre en la constante de que es algo que los motiva; es algo que sí, esto les puede dar más desarrollo....'[32]

El puente de Q,eswachaka y sus comunidades han permanecido en sus montañas, con sus familias, pastoreando su ganado y sembrando sus tierras; han custodiado sus semillas y su agua, sus valores más preciados. Han sufrido grandes impactos climáticos, sociales y políticos a lo largo de los siglos y posiblemente de los milenios, que han sabido enfrentar solamente armados de sus conocimientos ancestrales y sus estrategias de adaptación al cambio. No son nuevos en ello: permanentemente exploran vías de subsistencia que se han venido convirtiendo en realidad con el tiempo, a pesar de las difíciles condiciones que imperan en la zona y la desigualdad de oportunidades y magra distribución de los recursos que les ha tocado recibir. Y al centro de todo ello miran a su puente, el puente colgante de Q,eswachaka.

* Historiador, Consultor en cultura y responsabilidad social. Una versión previa de este artículo se publicó en inglés en www.linktv.org/shows/big-cities/perus-qeswachaka-rope-bridge-testament-of-a-millennial-practice-and-sustainable.

CITAS:

[1] Pedro Roel Mendizábal, Miguel Ángel Hernández Macedo e Ingrid Huamaní Rodríguez. El Q,eswachaka de Canas. Ingeniería y tradición en las comunidades de Quehue. Lima: Ministerio de Cultura, 2015, p. 37.

[2] Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 37; John Hyslop. Qhapaqñan. El sistema vial inkaico. Lima: Instituto Andino de Estudios Arqueológicos y Petróleos del Perú, 1992, p. 226, 232.

[3] Alberto Regal. Los puentes del Inca en el antiguo Perú. Lima: Imp. Gráfica Industrial, 1972, p.130; Daniel W. Gade, 'Bridge Types in the Central Andes', Annals of the Association of American Geographers, Vol. 62, No. 1 (Mar., 1972), pp. 94-109.www.jstor.org/stable/2562166. Visitado el 13-05-2017.

[4] A. J. Chepstow-Lusty, K. D. Bennett, J. Fjeldså, A. Kendall, W. Galiano and A.Tupayachi Herrera, 'Tracing 4,000 years of environmental history in the Cuzco area, Peru, from the pollen record', Mountain Research and Development, Vol. 18, No. 2 (May, 1998), pp. 159-172, www.jstor.org/stable/3673971, visitado el 15-05-2017.

[5] Entrevista a la antropóloga Ingrid Huamaní Rodríguez, 17 de mayo y 7 de junio de 2017.

[6] INEI, población total proyectada al 2014; Pedro Roel Mendizábal, Miguel Ángel Hernández Macedo e Ingrid Huamaní Rodríguez. El Q,eswachaka de Canas. Ingeniería y tradición en las comunidades de Quehue. Lima: Ministerio de Cultura, 2015, p. 64 y 72.

[7] Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 55, 57 y 59-60.

[8] Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 58.

[9] Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 154.

[10] Chakaruwaq Victoriano Arizapana, comunidad de Huinchiri, 6-6-2012, citado por Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 155. Esta posición de atribuir la actividad climática a seres extrahumanos es común a las comunidades andinas y no tiene que ver con la aceptación u oposición al discurso global de cambio climático; al respecto véase Karsten Paerregaard, “Bare Rocks and Fallen Angels: Environmental Change, Climate Perceptions and Ritual Practice in the Peruvian Andes”, Religions, 2013, 4, 290–305.

[11] Chakaruwaq Victoriano Arizapana, comunidad de Huinchiri, 6-6-2012, citado por Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 154, 156.

[12] Roel, Hernández y Huamaní. El Q,eswachaka de Canas, p. 175-185.

[13] John Earls, 'Organización social y tecnológica de la agricultura andina para la adaptación al cambio climático en cuencas hidrográficas”. Tecnología y Sociedad. Revista Latinoamericana, Perspectivas sobre el cambio climático, Año 16, número 8, julio de 2009, Lima, Soluciones Prácticas, 13-31. Pp. 20-21.

[14] Chepstow-Lusty, Bennett, Fjeldså, Kendall, Galiano y Tupayachi Herrera, 'Tracing 4,000 years', pp. 159-172, www.jstor.org/stable/3673971, visitado el 15-05-2017.

[15] Fabian Drenkhan, Mark Carey, Christian Huggel, Jochen Seidel y María Teresa Oré, WIREs Water 2015, 2:715–733, p. 715.

[16] Drenkhan, Carey, Huggel, Seidel y Oré, 2:715–733, 717.

[17] Drenkhan, Carey, Huggel, Seidel y Oré, 2:715–733, 718.

[18] Drenkhan, Carey, Huggel, Seidel y Oré, 2:715–733, 716.

[19] Drenkhan, Carey, Huggel, Seidel y Oré, 2:715–733.

[20] Drenkhan, Carey, Huggel, Seidel y Oré, 2:715–733.

[21] Entrevista a Abraham Levy.

[22] Earls, 21.

[23] SENAMHI 2012. “Caracterización climática de las regiones Apurímac y Cusco”. Serie de investigación regional # 1. Programa de Adaptación al Cambio Climático PACC – Perú, p. 109-110.

[24] Drenkhan, Carey, Huggel, Seidel y Oré, 2:715–733.

[25] Entrevista a Ingrid Huamaní.

[26] Entrevista a Rogers Valencia.

[27] Hilda Araujo, «Estrategias de adaptación ante el cambio climático en las comunidades campesinas de la parte alta de la cuenca del río Suches». En: Tecnología y Sociedad, Año 16, n° 8, 65-81. Lima: Soluciones Prácticas, 2009, p. 69.

[28]Paerregaard, 290–305.

[29] Hilda Araujo, «Estrategias de adaptación ante el cambio climático en las comunidades campesinas de la parte alta de la cuenca del río Suches». En: Tecnología y Sociedad, Año 16, n° 8, 65-81. Lima: Soluciones Prácticas, 2009, p. 69.

[30] Entrevista a Rogers Valencia.

[31] Entrevista a Rogers Valencia.

[32] Entrevista a Ingrid Huamaní.