04 de Agosto de 2014 | 16:23 h

"Gabriel García Márquez fue un niño preguntón y un gran oidor" (VIDEO)

Dasso Saldívar, el biógrafo de ‘Gabo’, dialogó con LaRepublica.pe y contó detalles de la vida y el entorno del premio Nobel colombiano.

“Gabito llegó al mundo ahogándose, con el cordón umbilical anudado al cuello (de ahí la claustrofobia innata del novelista, que lo obligaría en años de gloria y abundancia a comprarse casas con amplios ventanales para que entrara la mitad del día)”, cuenta Dasso Saldívar en el libro ‘El viaje a la semilla’, la mejor biografía realizada sobre Gabriel García Márquez, según reconoció el propio autor colombiano.

“Si hubiera leído antes ‘El viaje a la semilla’, no habría escrito mis memorias”, le dijo ‘Gabo’ a Saldívar, quien investigó durante 20 años la vida del premio Nobel de Literatura colombiano. En ese lapso, entrevistó aproximadamente a 200 personas, viajó por cuatro países y leyó cientos de artículos sobre el gran novelista.

LaRepublica.pe aprovechó la estadía de Saldívar en Lima, a donde llegó para presentar su libro en la FIL 2014, y conversó con él sobre su obra y la vida de Gabo.

¿Cuándo descubrió Cien años de soledad?

Cuando estaba en tercer año de bachillerato. Tenía 17 años y me compré la novela no porque todo el mundo hablara de ella, sino porque vi la foto de García Márquez en un recorte de prensa. ‘Gabo’ aparecía desaliñado y sonriente, sin corbata. Su imagen era pueblerina, mientras que yo tenía otra imagen de los escritores; los veía muy solemnes, atormentados en medio de sus columnas de libros. De pronto veo a este paisano sin complicaciones y me pareció increíble que haya podido escribir una novela de la que todo el mundo hablaba.

¿Y en qué momento decidió escribir la biografía de ‘Gabo’?

Eso ya fue mucho más tarde. Ya llevaba como diez o doce años leyéndolo. Decidí escribir la biografía porque me di cuenta que nadie conocía a García Márquez, que ya era uno de los escritores más leídos de la tierra. Casi nadie conocía al hombre y a mí me pareció injusto. Sobre todo me pareció horroroso que cuando se referían a su vida cometían errores.

Cuando empieza la investigación para su libro, descubre la relación entre los familiares de Gabo y los personajes de sus novelas…

Cuando empiezo a investigar, a inicios de los 70’, lo primero que hice fue visitar a la hermana monja de Gabo, Aida García Márquez, que dirigía un colegio salesiano cercano a Medellín. Le pedí una entrevista y conversamos aproximadamente dos horas. Me contó muchas cosas de la infancia de su hermano, de sus abuelos, de sus padres y de Aracataca. Me habló de la relación entre personajes de ‘La Hojarasca’ y otros cuentos con personajes de la familia y la vida real. Ese fue el comienzo, y desde allí, a través de ella, conocí a sus padres en Cartagena, y a sus hermanos.

Yo investigaba sin el propósito de escribir algo sobre García Márquez. Lo hacía para satisfacer necesidades de lector. Ya 10 años después, a raíz del Premio Nobel, decidí sentarme a escribir la biografía.

En su proceso de investigación, usted viajó a varios países. ¿Cuáles fueron y qué lo condujo con exactitud a cada uno de ellos’

Viajé por Colombia porque es la raíz, con lugares colombianos García Márquez armó, en parte, Macondo. Viajé a Cuba porque ‘Gabo’ trabajó allí en prensa y estuvo ligado a la revolución cubana; México, porque vivió allí y fue donde escribió Cien años de soledad durante año y medio; y Francia, donde realizó ‘El coronel no tiene quien le escriba’, y donde además pasó horas muy difíciles.

¿Algún pariente de Gabriel García Márquez lo ha dejado sorprendido?

Todos. Creo que los que más me ayudaron fueron Jaime García Márquez, quien es un hombre muy estudioso de la vida de su hermano; Luis Enrique García Márquez, que tenía una memoria fidedigna de toda la historia de la familia; y la prima Sara Márquez, que se crio con Gabo hasta los diez años en Aracataca. Ella recordaba absolutamente todo de su infancia. Sus recuerdos no estaban contaminados por la ficción y logramos reconstruir la casa donde nació ‘Gabo’.

También descubrí que casi todos los parientes de Gabo son grandes narradores orales. Aída García Márquez, por ejemplo, es una narradora imparable, como su padre y sus hermanos.  Allí me di cuenta que la capacidad para contar historias no era un don exclusivo de ‘Gabo’, sino de toda la familia y de la gente del Caribe

¿Cómo era la relación entre ‘Gabo’ y sus hermanos?

Era una relación fluida. Él tenía una gran complicidad con Luis Enrique y con su hermana Margot, que es la mayor de las hermanas. Ellos se criaron en Aracataca.

Y Margot es Rebeca Buendía en Cien años de soledad...

Sí, en parte es el origen de Rebeca Buendía. Ella, durante su infancia, comía tierra y tenía cosas misteriosas como Rebeca.

Usted describe a Gabito como un niño preguntón

Él quería saberlo todo. Era tan curioso que se saltaba la timidez para estar preguntando, sobre todo a su abuela y a sus tías. También escuchaba todo. Ser un niño preguntón y un gran oidor fueron las dos cualidades principales de Gabito.

Los abuelos, con personalidades muy distintas, fueron dos personas muy influyentes en la vida de Gabo…

Cada uno le aportó visiones distintas del mundo, complementarias para formar su carácter, su personalidad y su obra. El abuelo representaba el orden, el civismo, la realidad, la historia y el honor; la abuela, la fantasía, la superstición, la leyenda y el tiempo detenido.

¿Es difícil escribir una biografía sin caer en la ficción?

Es lo más difícil. Es el género más complicado y voraz. También es interminable e ingrato, porque si cometes un error, te van a señalar por ese error y no por los aciertos; en cambio, puedes escribir una novela llena de desaciertos, pero que se defiende y sigue adelante.

El propio García Márquez lo llamó para felicitarlo por su libro. ¿Cómo fue esa conversación?

Me llamó once años después (de la publicación de ‘El viaje a la semilla’). Me dijo que había leído el libro durante tres noches sin poderlo dejar. No sabía cómo lo había escrito porque solo nos habíamos visto dos tardes. Me dijo que estaba bien escrito y era una felicidad leerme.

Antes, no había estado de acuerdo con algunas fechas, pero le escribí para decirle que no las podía corregir porque las fechas estaban documentadas. Yo no podía corregir lo que estaba correcto. Él, como casi todos los grandes artistas y escritores, tenía una gran memoria emocional, pero no una gran memoria cronológica, que en realidad no le hacía falta.

¿Dónde recibió la noticia del fallecimiento de Gabo?

Estaba en Madrid, caminando con mi esposa por una calle, rumbo a Plaza Colón, y me llamó un periodista. Tuve una sensación de irrealidad. Quedé en el limbo, aunque por desgracia ya su enfermedad nos había acostumbrado a su ausencia física. Recién una o dos semanas después puede sentir que era verdad, que el maestro se había muerto

¿Por qué se distanciaron Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa?

Esa pregunta me la han hecho todos desde que llegué a Lima. Yo diría que es un asunto menor al que los periodistas le han dado mucha trascendencia. Fue un accidente desagradable para los dos. Lo importante fue la intensa amistad que tuvieron y las consecuencias, como el diálogo maravilloso que tuvieron sobre la novela latinoamericana en setiembre de 1967 en la Universidad Nacional de Ingeniería, en Lima. Además, después del distanciamiento, siguieron respetándose como escritores.

Cien años de soledad lo disfruta mi abuelo, mis padres y yo, y seguramente lo disfrutarán mis hijos. ¿Por qué cree que ese libro tiene la capacidad para trascender y cautivar a varias generaciones?

Creo que la literatura de Gabriel García Márquez trasciende lo local, trata grandes temas de la condición humana. También tiene un estilo musical maravilloso. Él fue un gran narrador, uno de los más grandes de todos los tiempos.

Puedes contactarte con el autor de esta entrevista a través del correo martin.calderon@glr.pe o en Twitter @calderonpasache

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